Desarrollo de la personalidad
Entre los 6 y los 12 años, los/las niños/as siguen avanzando y desarrollando la construcción del propio “yo”; además se producen cambios importantes en la valoración que hacen de sí mismos (autoconcepto y autoestima). Esta construcción progresiva del autoconcepto es dividida en dos periodos diferenciados por Palacios e Hidalgo (1999):
- De 6 a 8 años, se afianzan los logros anteriores y por tanto tienen un conocimiento más detallado de sí mismos, realizan más comparaciones entre aspectos personales y los de otros (“ahora no me gusta tanto jugar a correr como a mi amigo”) y/o exploran aspectos de tipo más psicológico (“me pongo muy triste si mis amigos no vienen a jugar con migo”).
- De 8 a 12 años, se hace más evidente la parte más social del autoconcepto, las relaciones interpersonales y las comparaciones con otros niños/as se harén más predominantes. Además se incrementa el énfasis en las descripciones referidas a contenidos y rasgos internos.
La razón principal de estos cambios se encuentra en los avances señalados anteriormente de carácter cognitivo, que les permiten primero poner en relación contenidos diversos (6-8 años) y posteriormente, llevar a cabo abstracciones de nivel superior puesto que ya poseen capacidad par adoptar perspectivas distintas y para verse a sí mismos de manera más global (8-12 años).
Si se considera el desarrollo de la autoestima con estas edades, es decir, la manera cómo se valora cada persona sus propias capacidades y competencias, se puede señalar que en esta etapa al igual que ocurría con el autoconcepto, la autoestima está menos diferenciada en las edades más tempranas y se va haciendo más diversificada y compleja a medida que el desarrollo avanza. En este periodo de edad es posible mencionar dos dimensiones de la autoestima:
- La autoestima en relación con el aspecto físico.
- La autoestima relativa a la competencia (académica y social) o destrezas físicas.
Ya se ha señalado con anterioridad que los/las niños/as expresan y asocian determinadas situaciones con emociones básicas como la alegría y el enfado. Posteriormente empiezan a comprender y experimentar emociones más complejas como el orgullo, la vergüenza o la culpa de la misma manera en esta nueva etapa de edad se observan los indicios de la comprensión y control emocional. Sin embargo no es hasta más adelante cuando consiguen comprender la existencia de emociones contradictorias, conocer y adoptar las normas de expresión de las emociones y aprender a controlarlas: Palacios e Hidalgo (1999).
- Alrededor de los 6-7 años, se observa una fase intermedia en la que los/las niños/as empiezan a admitir que algunas situaciones pueden provocar más de una emoción, pero siempre considerando que una de ellas precede o sigue a la otra.
- Hacia los 7-8, es cuando los/las niños/as empiezan a comprender que hay ciertos acontecimientos que provocan dos sentimientos al mismo tiempo, aceptando primero que pueden expresar dos emociones parecidas y admitiendo finalmente el hecho de que determinadas situaciones pueden llegar a provocar emociones contradictorias (Ej.: “me da rabia recoger mi habitación pero me gusta verla ordenada”).
Además de mejorar la comprensión emocional avanzan en el control y regulación de las propias emociones. Parece ser que en estos momentos pueden diferenciar de forma clara entre la experiencia emocional interior y la expresión externa de las emociones, siendo capaces de ocultar los sentimientos propios a los demás mediante la modificación de la expresión conductual externa.
Por último, a partir de los 6-7 se comienza a observar una evolución de las estrategias de regulación de los estados emocionales, es decir, por ejemplo con esta edad niños y niñas empiezan a ser conscientes de que las emociones pueden disiparse si se deja de pensar en el acontecimiento que las provocó o si se ocupa la mente con pensamientos o actividades alternativas.
En el ámbito personal evolución personal y emocional del niño/a pasa por muchas variantes. En los primeros años de vida todo se soluciona con el llanto y las rabietas. Su actuación estará condicionada por la postura que los padres y las madres adopten frente a ella. Poco a poco, el/la niño/a cambia sus respuestas y adopta otros comportamientos para relacionarse con los demás. En este momento puede “estallar” en llanto, “chantajear” a padres y madres, mostrarse extremadamente afectuoso con su familia o sensible ante las críticas, celos con relación a sus hermanos/as...Todas estas respuestas evolucionan hasta llegar a un mejor razonamiento de su actitud, siempre que sus necesidades emocionales se hayan cubierto.
El/la niño/a de 6 años es todavía muy inestable en sus reacciones, debido a la dificultad que tiene en cambiar su conducta. No resulta fácil consolarle y es muy sensible a todo lo que le rodea. A los 7 años, el/la niño se muestra menos exaltado que el año anterior. Llora menos y lo hace por un motivo determinado, aunque muchas veces el llanto es debido a sentimientos de rechazo a sentimientos de rechazo o inseguridad respecto a los demás. A los 8 años se ha vuelto más atrevido y arriesgado, con una actitud más impaciente que en años anteriores. Espera que todas sus preguntas se respondan al inmediatamente y que todas sus peticiones se cumplan con rapidez. Con sus preguntas y explicaciones constantes, intentan acaparar toda la atención del adulto, busca su colaboración y necesita que le confirmen y ratifiquen sus creencias y teorías.
A los 10 años es, por lo general, muy afectuoso con su padre y madre. Demuestra fácilmente el cariño que siente por ellos/as por medio de abrazos y besos, aunque, en ocasiones, estalla en ataques de ira. También sabe reprimirse cuando es necesario y acepta las demandas paternas y maternas sin protestar. A los 11 años, parece no estar dispuesto a mantener esa actitud sosegada y respetuosa gracias a la cual asimilaba los consejos del adulto. En este momento es frecuente que se produzca una regresión y se vuelva de nuevo impulsivo. Este cambio repentino se debe a la dificultad que tiene para entender los cambios que está experimentando.
A los 12 años experimenta algunos cambios importantes que dan tranquilidad a padres y madres. Se ha calmado mucho y adopta otras actitudes que le permiten suavizar las relaciones con los demás. No actúa de forma directa como hasta ahora, sino que busca un equilibrio entre sus demandas y las respuestas que le ofrecen su padres y su madre, consiguiendo así muchas concesiones y tranquilidad en la familia. Se siente mayor y entiende que su crecimiento tiene que reportarle beneficios, por ello, reclama más permisividad.

