Separación y divorcio
En la sociedad actual el hecho de separarse y/o divorciarse no resulta un procedimiento excepcional si no que es una posibilidad más que se contempla cuándo la comunicación y/o la convivencia no funciona en una pareja. Si bien es verdad que las causas pueden ser múltiples, es una decisión que actualmente también está mediatiza por las dificultades económicas que pueden surgir (pago de hipotecas, pensiones, falta de trabajo...). Aún así se debe recordar que para todos los miembros familiares involucrados esta serie de acontecimientos supone una fase de estrés y sufrimiento, siendo los/as hijos/as los principales afectados y por ello el deber de los padres/madres es el tratar de minimizar los efectos que su decisión producirá. Es importante prever lo que se les va a decir, sin interferencias emocionales agresivas y comunicándoles ya el plan a seguir y en la situación en la que se quedan.
Los/las niños/as de cualquier edad quieren que sus padres permanezcan juntos, pero hay circunstancias en las que la separación/divorcio puede ser una medida necesaria:
- cuando la relación de la pareja se ha vuelto muy conflictiva.
- cuando tiene repercusiones graves sobre los/las hijos/as.
- cuando se han agotado todos los recursos para solucionar la situación.
Cuando dos personas deciden separarse se encuentran inmersos en cuestiones legales y en un momento de especial tensión emocional. Sin embargo, existe otra situación a la que, a veces, no se le da la importancia suficiente: la vivencia que los/las hijos/as están teniendo de esa separación. En estas situaciones, el desarrollo de los hijos/as puede ser el “adecuado” para su edad. Para ello, los padres y las madres deben controlar, entre otros factores, el nivel de conflicto.
En función de la edad, las vivencias de los/las hijos/as serán distintas, dada su distinta comprensión de la situación. Así, mientras los bebés aprecian las alteraciones que la separación provoca en sus progenitores y que de alguna forma le transmiten, los/las niños/as de hasta 6 años parecen ser los que más ansiedad muestran, porque comprenden menos la complejidad de los sentimientos implicados, tienen una mayor tendencia a culpabilizarse y a verla como temporal.
En la medida en que van afrontando el proceso, los niños y las niñas van recuperando el equilibrio, ya que los efectos del conflicto entre la pareja, la separación y el divorcio son, en general, negativos pero no irreversibles. La separación es una buena solución, sobre todo, si interrumpe la exposición de los niños /as al conflicto.
Por último, parecen ser los adolescentes, ya que tienen una mayor comprensión de una separación y sus motivos, los que mejor se adaptan a esta situación. Además, disponen de mayores apoyos afectivos fuera del hogar, lo que les hace emocionalmente menos dependientes de la familia, aunque es conveniente estar atentos a la aparición de comportamientos de riesgo (consumo de drogas, actividad sexual precoz o comportamiento antisocial).
