Rabietas
Generalmente el comportamiento de rabietas suele ser frecuente entre los niños/as de 1 a 6 años. Durante los siguientes años empezarán a ver los demás puntos de vista y la rabieta, si se ha tratado de manera adecuada, empieza a mejorar.
Orientaciones para las rabietas:
- Controlar el temperamento. Cuando un niño/a tiene una rabieta pierde totalmente el control y gritarle no tiene ningún efecto. Lo único que provocará es que los padres/madres y los/las hijos/as acaben más nerviosos:
- Expresar el enfado de forma clara pero breve.
- No utilizar ni insultos ni tacos, ya que sólo conseguirán asustar al niño/a.
- Utilizar palabras cortas como “Basta” o “ya está bien”. Resultarán más eficaces que explicaciones largas.
- Expresarle tranquila y claramente la intención de no atender su exigencia.
- Si el/la niño/a llora, grita o patalea, dejarle bien claro que no se le atenderá hasta que se comporte de otro modo.
- Introducir una pausa en el discurso para que las palabras surtan efecto.
- No reírse para cortar una rabieta o una conducta inapropiada, ya que se ofrecerá un mensaje contradictorio.
- No avergonzarse. La demostración de rabia de los/las niños/as puede ser muy embarazosa cuando sucede en público pero la situación no debe hacer transigir a sus caprichos y debemos saber que la mayor parte de espectadores lo comprende y no juzga.
- Tratar de evitarlas cuando se pueda. Si hay situaciones concretas en las que las rabietas de los hijos/as son más probables (al jugar con sus hermanos/as mayores o en el supermercado) se deben controlar más estas situaciones siempre que sea posible.
- Buscar señales de aviso. La respiración es más rápida y superficial, el ceño se frunce. Intentar calmarles antes de que alcancen el punto álgido.
- Intentar distraer su atención. Un juguete concreto o pedirle que ayude a hacer algo (en el supermercado).

