Johann Sebastián Bach (Alemania 1685-1750) fue uno de los más grandes y productivos genios de la música europea. Nació en el seno de una familia que durante siete generaciones dio origen, al menos, a 53 músicos de importancia.
Durante los días 5, 6, 7 y 8 de marzo el público podrá disfrutar de sus obras en Bilbao porque en esta –su 8ª edición–, el Festival Musika-Música les ofrece un amplio programa de conciertos dedicados a este genial compositor. “BACH IS BACK”...
J. S. Bach nace en Eisenach, región de Turingia de la Alemania oriental en el seno de una familia de músicos impresionantes.
Su padre, violinista y músico de la ciudad de Eisenach, le enseña desde la infancia a manejar instrumentos de cuerda. Su tío Johann Christoph, compositor y organista, le inicia en el órgano. Pero, de golpe, a los nueve años, queda huérfano de padre y madre. El joven J. Sebastián abandona a los quince años el hogar de su hermano mayor para lanzarse solo por los caminos de Alemania. De aquí en adelante su vida es una sucesión de etapas más o menos largas hasta la última que, en 1723, le conduce a Leipzig, donde permanece hasta su muerte acaecida en 1750.
De su vagabunda existencia, Weimar es la cuarta gran etapa. Tras su paso por Lünebourg, Arnstadt y Mülhausen es reclamado por el Duque reinante Wilhelm Ernst, y en 1708 Bach aterriza en Weimar a donde llega con gran fama de organista. La estancia en esta ciudad le aporta un importante enriquecimiento musical. En 1717 abandona la corte de Weimar por la del Príncipe Leopold de Anhalt-Köethen. Los años pasados en esta última corte son probablemente los más felices de su vida a pesar del prematuro fallecimiento de su esposa (su prima María Bárbara). Bach disfruta junto al Príncipe de una verdadera consideración y mantiene con él una gran amistad. Esta situación le es propicia para una abundante producción: conciertos, sonatas "el Clave bien temperado", suites y partitas, oberturas para orquesta, los Conciertos de Brandeburgo,... En 1723, la muerte del Cantor Kuhnau deja vacante un cargo que, tras algunas dificultades hoy en día inconcebibles, Bach obtiene. El cargo en una institución de seis siglos de antigüedad incluye la enseñanza musical a niños a menudo poco capacitados e indisciplinados, además de algunas horas de latín. Esta doble función empieza a resultar ya anacrónica para la época. Si al principio Bach tiene una enorme vitalidad creadora (48 cantatas en un solo año) poco a poco va desinteresándose por la escuela y disminuye el ritmo de sus composiciones. Los últimos años de su vida, cuando la música evoluciona y el estilo “galante” se va imponiendo, Bach no cambia, contrariamente a Telemann, quien se adapta con acierto.
Bach ya sólo escribe algunas obras difíciles y se recluye en una especie de terco aislamiento. Su salud se resiente y queda ciego tras una operación malograda de sus ojos (realizada por el mismo charlatán que arruinó la salud de Haendel). Lo que sorprende de la vida y la obra de Bach es su inmensa fuerza. Lega una obra de la que podríamos decir que por sí sola es la Europa de la música. Rescatada de la oscuridad por Mendelshon en los albores del siglo XIX, revalorizada por la búsqueda de la autenticidad que investiga desde hace algunas décadas el conjunto del repertorio barroco, goza actualmente de la apasionada y exigente ejecución de los intérpretes más exquisitos de nuestro siglo.
Nacido el mismo año que Haendel y que Domenico Scarlatti, profundamente arraigado en su Alemania natal e imbuido en su fe luterana, J.S. Bach es dueño de una gran inteligencia y de insaciable curiosidad, asimila y funda en el crisol de su genio creador la herencia de los contrapuntistas del norte de Alemania (Boehm, Reinken, Buxtehude), el lirismo efusivo y dramático de los italianos (Frescobaldi, Vivaldi) y el sentido de la forma y del ritmo del gusto francés (Grigny, Couperin). Las diversas y variadas etapas de su carrera de organista y maestro de capilla, aunque no siempre le aportaron satisfacciones personales (Lüneburg 1700, Arnstadt 1703, Mühlhausen 1707, Weimer 1708, Köthen 1717 y finalmente Leipzig 1723), le permiten acumular obras maestras en todos los géneros y modos de expresión (excepto ópera): música de iglesia (corales, motetes, cantatas, pasiones, misas), música para órgano (toccatas, fugas), música para teclado o para instrumentos solistas (violón, violonchelo, flauta) (invenciones, preludios y fugas, suites, partitas), música orquestal (suites, conciertos). En cierto modo Bach resume y domina la historia de la música occidental, esa música de la que es genial heredero y de la que le procede, pues se puede decir que ha servido siempre de referencia a gran cantidad de sus sucesores.